¿Qué me vas a preguntar?
Empezaremos por el motivo que te ha llevado a pedir cita. Dependiendo de lo que cuentes, te preguntaré por cuándo empezó, en qué situaciones aparece, qué pensamientos o emociones lo acompañan y qué haces para intentar manejarlo.
No necesito conocer todos los detalles de tu vida en una sola sesión. Busco la información necesaria para empezar a entender el problema y su impacto.
¿Tengo que preparar algo antes?
No es obligatorio. Si te ayuda, puedes pensar en tres cosas: qué te preocupa más ahora, qué situaciones están siendo más difíciles y qué te gustaría que fuera diferente si la terapia te ayudara.
También puedes traer preguntas sobre el proceso, la frecuencia, la modalidad online o presencial o cualquier duda que te haga sentir más cómodo antes de decidir.
¿Saldré de la primera sesión con una solución?
No siempre. Algunas dificultades se comprenden con rapidez y otras necesitan varias sesiones de evaluación. Prefiero no darte explicaciones cerradas antes de tener suficiente información.
Sí deberías empezar a entender qué vamos a observar y qué objetivos pueden tener sentido si decidimos continuar.
¿Y si me cuesta hablar o me pongo nervioso?
Es algo habitual. No necesitas rendir bien en terapia. Puedes decirme que te cuesta explicar algo, que necesitas unos segundos o que hay temas que todavía no quieres abordar. El ritmo también forma parte del proceso.
Fuentes clínicas y lecturas recomendadas
Referencias institucionales utilizadas para contextualizar y revisar este contenido.