La ansiedad tiene una función.
Antes de un examen, una entrevista o una situación realmente peligrosa, cierta activación puede ayudarnos a prestar atención, movilizar energía y responder con rapidez.
Pretender eliminar por completo cualquier ansiedad sería poco realista y tampoco sería necesariamente deseable.
¿Cuándo deja de ser útil?
Puede empezar a ser problemática cuando la alarma aparece con demasiada intensidad, se mantiene durante mucho tiempo o se activa ante situaciones que objetivamente no requieren esa respuesta.
También cuando el esfuerzo por no sentir ansiedad obliga a renunciar a actividades, controlar continuamente el entorno o necesitar cada vez más garantías.
El objetivo de terapia no tiene por qué ser “cero ansiedad”.
Si la meta es no volver a sentir nunca ansiedad, cualquier señal corporal puede vivirse como un fracaso. Me interesa más que puedas comprenderla, responder de otra forma y recuperar libertad para hacer cosas importantes aunque aparezca cierta incomodidad.
Una pregunta más útil que “¿es buena o mala?”.
Pregúntate: ¿esta respuesta me está ayudando a adaptarme a una situación real o está haciendo mi mundo más pequeño? Esa diferencia suele ser más útil que intentar clasificar cada sensación.
Fuentes clínicas y lecturas recomendadas
Referencias institucionales utilizadas para contextualizar y revisar este contenido.